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Avara ka d’avara

En arameo “avara ka d’avara” significa “la palabra transforma”. Otras interpretaciones son: “Creo mientras hablo”; “Abrir lo que se encuentra cerrado y hacer posible lo que parece imposible”.
En nuestras empresas, el poder de la palabra nos llevó a iniciarlas, y se necesitaron conversaciones con socios, colaboradores, inversionistas, etc. para seguramente llevarlo a cabo, y una vez operando la empresa siguen generandose conversaciones y de ellas dependen muchos de nuestros resultados. Rafael Echeverría, en su libro La empresa emergente, nos describe entre varios temas, el concerniente a las competencias conversacionales, calificándolas como clave de la productividad del trabajo sustentado en el poder de la palabra.

Las competencias conversacionales no es algo que hayamos aprendido en la escuela o en casa, es un proceso que poco a poco nos lleva a desarrollar dicha competencia. Basado en lo que nos dice Rafael Echeverría existen tres componentes dentro de una conversación: 1) el lenguaje; 2) la emocionalidad; 3) la corporalidad. Cada uno de estos componentes es muy poderoso y complejo, además se interrelacionan una con otra, alguien que dice estar emocionado y en su emocionalidad refleja tristeza no está siendo coherente, o si con su corporalidad indica estar desesperado aunque con su lenguaje nos exprese lo contrario su efectividad en una conversación pierde fuerza. Por otro lado, a través de nuestras conversaciones podemos modificar la emocionalidad desde la cual emprendemos muchas otras acciones, incidiendo directamente en los resultados que obtenemos.

Ciertas competencias conversacionales radican en lo siguiente:
1) la manera como hacemos y fundamos nuestros juicios; 2) la manera como los entregamos y los recibimos; 3) la manera
como pedimos y ofrecemos; 4) la manera como elaboramos y cumplimos nuestras promesas. Imaginense que en nuestras conversaciones afirmamos algo sin haberlo fundado o verificado primero, ¿cómo nos verán los demás si eso lo hago repetidamente? O bien, cuando pedimos y ofrecemos algo lo hacemos de una forma poco amable, o en repetidas ocasiones no cumplimos con nuestras promesas, o cuando queremos retroalimentar a alguien lo hacemos de forma brusca, sin tacto, sin contexto, hiriendo a la otra persona por la forma cómo entregamos un juicio, nosotros mismos quizá frecuentemente no valoramos y desechamos de inmediato un juicio que alguien más nos entrega sobre nuestra persona. Hay un sin fin de ejemplos que podríamos mencionar. Quienes no son competentes en determinadas conversaciones, hacen un reclamo y terminan por comprometer la relación con la otra persona o por ejemplo participan en una conversación para generar posibilidades y la manera como lo hacen solo cierra posibilidades. ¿Cómo impactan estas incompetencias en la productividad de las personas o los grupos? Más de lo que se imaginan.

Lo anterior va íntimamente ligado a la confianza, y sin confianza las relaciones son inmaduras, no prosperan, los equipos no son de alto desempeño. El poder de la palabra en una conversación es muy poderoso y puede transformar para bien o para mal el rumbo de una persona, familia o empresa. Por lo debemos comenzar a auto observarnos en nuestro dia a dia para reconocer nuestras áreas de oportunidad en las competencias conversacionales para después hacernos cargo. Hacerte acompañar de un coach para reconocer y avanzar en este proceso es algo con lo que de inmediato puedes comenzar, los beneficios pueden ser incalculables, sobre todo en temas familiares.

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